como nácar en el ópalo de tu vestido así fue la prodigiosa noche del orgasmo calamitoso en la ciudad del mar
igual a la corriente de aire húmedo que susurraba detrás de tus oídos todas las canciones igual a la música del automóvil estacionado en el parking de la orilla en esa hora
los besos se unieron al sonido de las olas y la fisonomía del deseo se materializó al fin en las esferas
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