lunes, julio 31, 2006

Señor,
ha tiempo asumí mi orden, mi responsabilidad.
Ha tiempo adoré mi cuerpo como a un ídolo.
Ha tiempo tu pueblo y yo fuimos uno,
todos los estados de la materia y todos los elementos.
Muté mi cuerpo,
alteré mi estado de conciencia,
entendí el mito que gira alrededor del conocimiento de los mitos,
de los mitos que giran alrededor de la parábola universal…
hasta ser lo que soy,
una célula que sintetiza la memoria de tu nación.
Observé puntos lucíferos agrupados en el interior de una caverna celeste.
Era mi ciudad.
El reflejo del cielo en la tierra.
Vi las generaciones del mundo.
Voces.
Silencio.
Luz.
Cuando descendió hacia mí la visión de la zarza
y apareció יהזה como fuego blanco y negro vertical,
en semejanza de hombre,
perdí mi personalidad.
Si negaba tus órdenes, muerto estaría, irresoluto.
Eyeh Asher Eyeh, la causa de nuestra victoria,
la verbalización y no la traducción,
haría ver a los hombres la nimiedad del ser,
el oropel de nuestros nombres…
más aún sabiendo,
oh, Señor, que el mío es egipcio y puesto por la hija del faraón…

5 Comentarios:

Blogger MaLena Ezcurra dijo...

Cuando llego a tu templo mi alma vuela.

Besos.

2:41 p. m.  
Blogger CÉSAR CASTILLO GARCÍA dijo...

Todo es el templo

8:36 p. m.  
Blogger Rain (Virginia M.T.) dijo...

El tiempo de los faraones, el lujo, la extensión del oro y su atracción extrema.

La belleza y la muerte.


Al ver estas imágenes pensé en los druidas, luego en el mistico amor de los santos...


Tu lenguaje me hizo virar del pensamiento a la imagen verbalizada.

Salutes César.

1:54 a. m.  
Blogger CÉSAR CASTILLO GARCÍA dijo...

El amor místico de las santos... hay un pasaje en el libro Las florecillas de San Francisco en que Santa Clara y Francisco se encuentran. Aquelos fueron las santidades de su tiempo. Cuenta con lujo de detalle lo que sucedió en torno a este encuentro, en la naturaleza en cuanto a los fenomenos naturales, en la sesibilidad de los gentiles, etc.

12:42 p. m.  
Blogger CÉSAR CASTILLO GARCÍA dijo...

Las imágenes de egipto son sólo reminiscencias de un tiempo que quizá he vivido. No te olvides que en ese tiempo, tanto para Mesoamérica como para Asia, el oro era símbolo y no moneda. El hecho de que en los templo haya habido oro, no significa que haya tenido el valor que hoy tiene para el occidental. Y sí, la belleza y la muerte, esa extraña relación, como la de dos amantes clandestinos. Si personificáramos a la muerte y la belleza, y nos contaran su historia, sería como la de Adán y Eva. Bueno, es evidente que te conectas con mi forma de hacer poesía, pues muchos los escribí recordando el amor de los reyes, héroes y santos. Visítame más seguido.

6:47 p. m.  

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